Los falsos amigos… en terminología médica

 Hace unos días estaba buscando entre las baldas de la librería algún recurso documental, que pudiera ser de utilidad para la redacción final de su tesis doctoral a una amiga y compañera. Por cierto, la tesis, que como casi todas las tesis, disfruta de un sencillo y comprensible título “Estudio de marcadores de transición epitelio-mesénquima en neoplasias renales” tiene como objetivo el de validar la sustancia que segregan los tumores renales mas frecuentes y asociarla a ciertos genes, o algo así. De confirmarse la hipótesis de trabajo seguro que va a contribuir de forma importante en la mejora del tratamiento de los tumores renales.

La cuestión es que, rebuscando entre libros y carpetas encontré algo que estuve a punto de tirar sin mirar, por su gran parecido a uno de esos programas de mano de cualquier congreso médico, que solemos conservar sin saber muy bien por qué ni para qué y, obstinadamente se empeña en ir pasando de balda en balda de nuestra estantería, como resistiéndose a terminar sus días en el contenedor de papel reciclado.

El folleto en cuestión, lo denominaré así, aunque como veremos más adelante, el propio folleto se revelaría ante tal denominación y me acusaría de una mala utilización del lenguaje. El texto del folleto trata sobre las incorrecciones frecuentes en los textos científicos, con especial énfasis en errores gramaticales, de léxico, de sintaxis y redacción, signos de puntuación etc.

Pero uno de los temas que más me llamó la atención fue el de los “falsos amigos”. Estos “falsos amigos” abundan en la literatura médica y la mayoría son resultado de una mala traducción de voces inglesas y, menos frecuentemente francesas, con grafía muy parecida a la de palabras castellanas.

A continuación expongo algunos ejemplos que me han resultado  interesantes o especialmente llamativos:

Agresivo; este término se emplea a veces, por la influencia del inglés aggresive para calificar a un tratamiento ¿Quién de nosotros no la ha utilizado en alguna ocasión?. En español, agresivo significa que falta al respeto o ataca. En consecuencia, deberíamos decir que un tratamiento es radical o intensivo, pero no agresivo.

Convencional; se utiliza para referirnos a estudios o tratamientos convencionales, y lo que queremos decir es que se llevan utilizando de la misma manera desde hace tiempo, que es en realidad lo que significa es tradicional. Convencional, en cambio, quiere decir “fruto de un acuerdo”.

Patología; se utiliza frecuentemente como sinónimo de enfermedad, debido a la influencia del término inglés pathology, que significa “trastorno o enfermedad”. Sin embargo, en español, patología es, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, la “parte de la medicina que estudia las enfermedades”. Por tanto es incorrecto decir “El paciente presentaba una patología cardiaca”, siendo lo correcto “El paciente presentaba una enfermedad cardiaca”.

Etiología; la palabra etiología se utiliza, debido a la influencia del inglés etiology como sinónimo de causa. Sin embargo, en español, etiología es la descripción o el estudio de las causas de la enfermedad. Por tanto, es incorrecto escribir “La etiología de la enfermedad es desconocida”. Debemos decir “No se conocen las causas de la enfermedad”. Sin embargo, en caso de que estemos ante un informe sobre las causas de la alergia alimentaria, sí que lo podemos titular “Etiología de la alergia alimentaria”.

Aunque sea de todos conocido y admitido, la lengua española es muy rica, y no es necesario recurrir a la utilización de vocablos adaptados de otras lenguas, por muy extendida e internacionalizada que esté la utilización de éstas.

Nada mejor para finalizar que unas palabras de Gregorio Marañón “El médico no tiene por qué escribir con la retórica de los escritores, sino con el mismo lenguaje que le sirve para contar a los demás lo que ha visto y lo que le parece que ha visto. Pero, bien entendido, ha de escribirse como se habla, con la palabra escueta y cepillada del que habla a solas y delante de ese gran instrumento de depuración del lenguaje que es la cuartilla.”.

Nacho Cantero, médico de familia

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