Dolor y muerte como material literario…¿o terapeútico?

 

Confieso que en los últimos tiempos, mi temperamento algo melancólico, me ha llevado a una literatura más intimista, existencialista y sacra. Producto de esta situación vital personal, ha caído en mis manos uno de los libros más duros que jamás he leído. Este libro es el texto póstumo del escritor y ensayista británico afincado en USA, Christopher Hitchens.

Hitchens ha sido un prolífico escritor y pensador, que se ha hecho famoso en todo el mundo por ser un ateo empedernido que polemizaba con la Iglesia y con los grandes pensadores de la fe y la creencia religiosa, y con especial ahínco, en los católicos. Durante muchas décadas ha sido el castigador de fieles de todas las creencias, escribiendo jugosos ensayos, llenos de humor ácido (propiamente británico), que eran capaces de desmontar argumentativamente cada palabra, por muy autorizada que fuera para la teología y la filosofía.

Cuando uno lee los textos de Hitchens, le resulta inevitable el recuerdo de la frescura de Voltaire, o las potentes argumentaciones de Russell. Y es que Hitchens ha recuperado la tradición Volteriana y Russeliana de la contra argumentación lógico-racional contra la religión.

El libro del que os hablo es el resultado vivencial de que a su autor se le diagnosticara un cáncer de esófago muy avanzado, que segó su vida en escasos meses. Hitchens, coge aire, reflexiona y decide hacer de su vivencia, materia literaria, publicando sus  experiencias regularmente en la revista Vanity Fair hasta su muerte.

En primer lugar, Hitchens, nos demuestra su coherencia de vida. Mientras sus numerosos detractores esperaban una conversión in extremis, él se mantuvo firme a sus convicciones e ideas. En segundo lugar, demostró de una manera eficaz y clara, lo que significa en esencia ser un estoico, un estoico moderno, alguien que asume su dolor con valentía y lo integra en su proyecto vital. En tercer lugar, nuestro autor demostró lo que es morir con dignidad y morir con la plena conciencia de lo irremediable.

Sin lugar a dudas, es un libro desnudo, duro, áspero, de una sinceridad desgarradora. Debo confesar que su lectura la tuve que interrumpir en múltiples ocasiones, por sentir angustia, ante la desnudez de la realidad. Por eso me parece un texto recomendable a estudiantes y profesionales de la medicina y la enfermería, como también el texto referenciado en este blog de “Sendino se muere”, un texto que rebosa fenomenología de la atención a pacientes terminales.

El “Sendino” de Pablo Ors y “La mortalidad” de Hitchens, son textos antagónicos en sus presupuestos metafísicos y creenciales y por ello mismo, complementarios.

No sé donde estará Hitchens, si en el paraíso, en el infierno o bien formado parte de la polución de Nueva York, lo que sí sé, es que nos ha dejado un legado literario original que ha marcado una tendencia estilística y de pensamiento, al igual que ha ejemplificado en su vida uno de los valores más importantes del ser humano: la libertad de pensamiento.

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